Canciones populares

La canción popular es aquella que anida en el corazón y en la memoria de las personas, sirviéndoles como vehículo de manifestación emocional. Por ello, se mantiene y transmite en el tiempo.

Puede provenir de dos fuentes principales:

– Creación personal: nos referimos a la expresión artística de un autor, como en el caso de las canciones líricas ligadas al arte clásico o culto.

– Tradición folklórica: la expresión de una colectividad determinada (un pueblo, una cultura, …) que, en general, no tiene un autor definido. Se transmite de manera oral de generación en generación.

Sin embargo, estas dos fuentes viven un continuo romance. Una se inspira en la otra y, muchas veces, se borran las líneas que las separan. Así, una gran cantidad de cantos populares provienen de creaciones artísticas particulares que, calando hondo en las personas, se perpetúan en ellas olvidando su procedencia.

Otras veces, el arte culto toma del folklore tantos elementos que, la obra creada, es más bien un punto de vista de la tradición. Estos hermosos versos de Manuel Machado bien lo describen:

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

En el disco “Cadencias”, publicado en el año 2012, nos volcamos en las canciones populares españolas desde diversos ángulos, humildemente y con las reducidas dimensiones que un trabajo discográfico ofrece. Lo titulamos Cadencias porque es precisamente la cadencia el elemento común entre la poesía y la música.

Canción sefardí

En nuestro artículo Música sefardí hemos hablado bastante al respecto. En el disco Cadencias aparece el tema “Hija mía”, ya que las melodías sefardies bien pueden considerarse como canciones populares y su conexión hispánica sigue muy viva. Después de la publicación de Cadencias, vino “Cantadme galanica: la magia en la voz de la mujer sefardí”, donde ya sí nos volcamos de lleno en reelaborar esta tradición.
Volviendo a Hija mía, este es el diálogo entre una madre y su hija:

– Hija mía mi querida, amán, amán,
no te eches a la mar.
Que la mar está en fortuna,
mira que te va a llevar.

– Que me lleve que me traiga, amán, amán,
siete picos de hondor.
Que m’engluta peixe preto
para salvar del amor.

 

Jota

La palabra jota proviene del término mozárabe šáwta (salto), que a su vez podría provenir del latín saltāre (bailar). En Valenciano antiguo xotar es saltar o botar, y es en esta región donde se encuentran las referencias más antiguas.
Sea como sea, su música y su forma poética de la letra, tiene una inmensa extensión por casi toda España, presentando diversas variantes según la zona, siempre como canción popular. Incluso hay relación con palos flamencos tan populares y característicos como las alegrías. Compositores tan dispares como Carlos Gardel o Manuel de Falla escribieron sus propias jotas.
En Cadencias aparecen “La mora”, “Pulida magallonera” y “Pisando la nieve fría”.
Se quedaron fuera del disco otras jotas que nos son muy familiares, como “Soñé que la nieve ardía”, “Y como no sé rezar” y “Cuando vuelvas de la siega”.

“Pulida magallonera,
anda y dile al Santo Cristo,
que cuando me llame al cielo,
que me cante la olivera”

“Si mi madre fuera mora,
Y yo nacida en Argel,
renegara de Mahoma
sólo por venirte a ver,
hermosa y blanca paloma”

“Toda la noche he andado
pisando la nieve fría
sólo por venirte a ver
ansotana de mi vida”

“Cuando vuelva de la siega
asómate a la ventana
que a un labrador no le importa
que le de el sol en la cara”

“Entré un día a ver la Virgen
y como no sé rezar
canté una jota espacico
y vi a la Virgen llorar”

“En lo alto el Pirineo
soñé que la nieve ardía
y por soñar lo imposible
soñé que tú me querías”

Canciones populares antiguas

Hay un amplio repertorio de canciones tradicionales antiguas que fueron muy populares a principios del siglo XX en España. El poeta Federico García Lorca, folklorista enamorado de la tradición popular, las grabó para “La voz de su amo” en 1931. Él mismo tocó el piano, acompañando a la Argentinita (canto, baile y castañuelas).

En Cadencias interpretamos “Las morillas de Jaén” (conocida también como Las tres morillas o Axa, Fátima y Marién) y “Nana de Sevilla”. No cupieron otras que también interpretamos, como “Zorongo” o “De los cuatro muleros”.

Nana de Sevilla

Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo echó a la calle.

Este niño chiquito
no tiene cuna;
su padre es carpintero
y le hará una.

Las morillas de Jaén
Tres morillas me enamoran
en Jaén:
Axa, Fátima y Marién.

Tres moricas tan garridas
iban a coger olivas,
y hallábanlas cogidas
en Jaén:
Axa, Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas
y tornaban desmaídas
y las colores perdidas
en Jaén:
Axa, Fátima y Marién.
Tres moricas tan lozanas
iban a coger manzanas
y hallábanlas tomadas
en Jaén: Axa, Fátima y Marién.

Díjeles: ¿Quién sois, señoras,
de mi vida robadoras?
Cristianas que éramos moras
en Jaén:
Axa Fátima y Marién.

Tres moricas me enamoran
en Jaén:
Axa, Fátima y Marién.

De los cuatro muleros

De los cuatro muleros
que van al agua,
el de la mula torda,
mamita mía,
me roba el alma.

De los cuatro muleros
que van al río,
el de la mula torda,
es mi marío.

De los cuatro muleros,
que van al campo,
el de la mula torda,
moreno y alto.

¡Ay, que me he equivocao,
que no es mi marío
mamita mía,
que es mi cuñao.

Zorongo gitano

Tengo los ojos azules,
tengo los ojos azules,
y el corazoncillo igual,
que la cresta de la lumbre.

De noche me salgo al patio,
y me harto de llorar,
de ver que te quiero tanto
y tú no me quieres nada.

Esta gitana está loca,
pero loquita de atar,
que lo que sueña de noche,
quiere que sea verdad.

Las manos de mi cariño,
te están bordando una capa,
con agremán de alhelíes,
y con esclavina de agua.

La luna es un pozo chico,
las flores no valen nada,
lo que valen son tus brazos,
cuando de noche me abrazan.

Cuando fuiste novio mío,
por la primavera blanca,
los cascos de tu caballo,
cuatro sollozos de plata.

Veinticuatro horas del día,
veinticuatro horas que tiene,
si tuviera veintisiete
tres horas más pa quererte.

 

Canciones populares del clasicismo español

Manuel de Falla es un gran ejemplo de creador inspirado por los aires populares. Así, su famosa obra “El amor brujo” está llena de colores y ritmos tradicionales, pero transformados a través de su composición. De ahí extraemos “La canción del fuego fatuo”. Pero son, sin duda, sus “Siete canciones populares españolas” de 1914 su mejor muestra de encuentro entre folklore y arte culto. De ellas recogimos para Cadencias “El paño moruno” y “Canción”, dejando fuera “Nana” y “Polo”.

Canción del Fuego

Lo mismo que er fuego fatuo,
lo mismito es er queré.
Le juyes y te persigue,
le yamas y echa a corré.
¡Malhaya los ojos negros
que le alcanzaron a ver!
¡Malhaya er corasón triste
que en su yama quiso arder!

El Paño Moruno

Al paño fino, en la tienda,
una mancha le cayó;
Por menos precio se vende,
porque perdió su valor.

Nana

Duérmete, niño, duerme,
duerme, mi alma,
duérmete, lucerito
de la mañana.
Naninta, nana,
naninta, nana.
Duérmete, lucerito
de la mañana

Canción

Por traidores, tus ojos,
voy a enterrarlos;
No sabes lo que cuesta, del aire
niña, el mirarlos
madre a la orilla,
niña, el mirarlos, madre.

Dicen que no me quieres,
ya me has querido…
Váyase lo ganado, del aire
por lo perdido, madre a la orilla,
por lo perdido, madre.

Polo

¡Guardo una pena en mi pecho,
que a nadie se la diré!
Malhaya el amor, malhaya,
¡Y quien me lo dió a entender!

Canciones sobre poemas

Enamorados de la poesía de Miguel Hernández, decidimos cantar varios de sus poemas componiéndoles músicas inspiradas en colores y ritmos de la tradición popular. De este modo, Cadencias recoge siete canciones con sus versos: “El silbo del dale”, “Carta”, “Tristes guerras”, “Cuerpo del amanecer”, “Llueve”, “Beso soy” y “El último rincón”. Así mismo, recogimos también “Las nanas de la cebolla” con la música de Alberto Cortez.

El silbo del dale

Dale al aspa, molino,
hasta nevar el trigo.

Dale a la piedra, agua,
hasta ponerla mansa.

Dale al molino, aire,
hasta lo inacabable.

Dale al aire, cabrero,
hasta que silbe tierno.

Dale al cabrero, monte,
hasta dejarle inmóvil.

Dale al monte, lucero,
hasta que se haga cielo.

Dale, Dios, a mi alma
hasta perfeccionarla.

Dale que dale, dale
molino, piedra, aire,
cabrero, monte, astro,
dale que dale largo.

Dale que dale, Dios, ¡ay!
Hasta la perfección.

Beso soy (antes del odio)

Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor,
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz.

Comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo solo,
sólo por amor.

Beso soy, sombra por sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón.

Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante y a paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.

Corazón en una copa
donde me lo bebo yo
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
mes es pequeño y exterior.

A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy, siénteme libre.
Sólo por amor.

Carta

Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos.

Cuando te voy a escribir,
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.

Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.

El último rincón

El último y el primero:
rincón para el sol más grande,
sepultura de esta vida
donde tus ojos no caben.

Carne de mi movimiento,
huesos de ritmos mortales:
me muero por respirar
sobre vuestros ademanes.

De tanto querer te ahogas
como un mar entre dos mares.
De tanto querer me ahogo,
y no me es posible ahogarme.

El naranjo sabe a vida
y el olivo a tiempo sabe.
Y entre el clamor de los dos
mi corazón se debate.

Ay, el rincón de tu vientre;
el callejón de tu carne:
el callejón sin salida
donde agonicé una tarde.

El último y el primero:
náufrago rincón, estanque
de saliva detenida
sobre un amoroso cauce.

Tristes guerras

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.

Llueve

Llueve sobre tus dos ojos
negros, negros, negros, negros,
y llueve como si el agua
verdes quisiera volverlos.

Cuerpo del amanecer

Cuerpo del amanecer;
flor de la carne florida.
Siento que no quiso ser
más allá de flor tu vida.
Corazón que en el tamaño,
de un día se abre y se cierra.
La flor nunca cumple un año,
y lo cumple bajo tierra.

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Tanto nos apasionó cantar estos versos, que en 2015 publicamos “El poeta del viento: Homenaje a León Felipe”, donde pusimos música a la obra del poeta zamorano. Y siguiendo esa línea, preparamos ahora “Árbore da vida”, que contendrá poemas de “Cantares galegos” de Rosalía de Castro. Así mismo hemos ido recogiendo musicalizaciones históricas de poemas, como:

– “Recuerde el alma dormida” del vihuelista y compositor Alonso Mudarra, publicado en 1946, donde aparecen los versos de Jorge Manrique.

– “Por mayo era” del Cancionero de Palacio, que contiene la música para el famoso romance del prisionero.

– “Del salón en el ángulo oscuro” en que Isaac Albéniz perfilaba un acompañamiento a la famosa rima de Gustavo Adolfo Bécquer.

Copla

La copla andaluza fue el género de canción española más popular a mediados del siglo XX. En el disco Cadencias aparece “Te lo juro yo”, con música de Quiroga y letra de Rafael de León. Otras tantas se quedaron fuera, como “Ojos verdes”, “María de la O”, “Ay pena, penita” o “Y sin embargo te quiero”.

Te lo juro yo

Yo no me di cuenta de que te tenía
hasta el mismo día en que te perdí.
Y vi claramente lo que te quería
cuando ya no había remedio pa mí.
Llévame por calles de hiel y amargura
ponme ligaduras y hasta escúpeme,
échame en los ojos un puñao de arena,
mátame de pena, pero quiéreme.

Mira que te llevo dentro de mi corazón.
Por la salucita de la madre mía
te lo juro yo.

Mira que pa’ mi en el mundo
no hay na’ más que tú
Y que mis sacais, si digo mentiras,
se queden sin luz.

Por ti, contaría arena del mar.
Por ti, yo sería capaz de matar.
Y que si te miento, me castigue Dios,
esto con la mano sobre el Evangelio
te lo juro yo.

Ya no eres el mismo que yo conocía,
el que no veía na más que por mí.
Que ahora vas con una distinta ca día
y en cambio yo muero de celos por ti.
Claro que la culpa de que esto pasara,
no la tuvo nadie, nadie más que yo.
Yo que me reía de que esto acabara,
y ahora voy llorando porque se acabó.

María de la O

Para mis manos tumbagas,
pa mis caprichos monedas.
Y para mi cuerpo lucirlo mantones bordados, vestidos de seda.

La luna que pida, la luna que me dan.
Que para eso mi payo abiya
más parnos que tiene un sultán.

Envidio tu suerte,
me dicen algunas al verme lucir.
Y no saben pobres la envidia que ellas me causan a mí.

María de la O, que desgraciadita
gitana tu eres teniéndolo todo.
Te quieres reír, y hasta los ojitos
los tienes morados de tanto sufrir.

Maldito parné que por su culpita
dejaste al gitano que fue tu querer.
Castigo de Dios, castigo de Dios.
Es la crucecita que llevas a cuestas María de la O

Para su sed fui el agua, para su frío candela.
Y para sus besos amantes dejé entre sus brazos mi carne morena.
Querer como aquel nuestro, no hay en el mundo dos.

Maldito dinero que así de su vera y a mí me apartó.
Serás más que reina me dijo a mí el payo y yo le creí.
Mi vida y mi oro daría yo ahora por ser lo que fui.

Ojos verdes

Apoyá en el quicio de la mancebía,
miraba encenderse la noche de mayo.
Pasaban los hombres y yo sonreía,
hasta que en mipuerta paraste el caballo.
¡Serrana! ¿Me das candela?
y yo te dije: Gaché
ven y tómala en mis labios y yo fuego te daré.
Dejaste el caballo y lumbre te di
y fueron dos verdes luceros de mayo tus ojos pa mí.

Ojos verdes, verdes como l’arbahaca,
verdes como er trigo verde,
y el verde, verde limón.

Ojos verde, verdes con brillo de facas que s’han
clavaíto en mi corazón.
Pa mí ya no hay soles, luceros ni luna.
No hay más que unos ojos que mi vía son.

Vimos desde el cuarto despertar er día,
y sonar el alba la torre la vela.
Dejaste mi brazo cuando amanecía,
y en mi boca un gusto de menta y canela.
¡Serrana! para un vestío yo te quiero regalá.
Yo te dije: ¡estas cumplío! No me tienes que dar ná.
Subiste al caballo, te fuiste de mí
y nunca otra noche más bella de mayo he vuelto a vivir.

Y sin embargo te quiero

Me lo dijeron mil veces,
más yo nunca quise poner atención.
Cuando vinieron los llantos
ya estabas muy dentro de mi corazón.
Te esperaba hasta muy tarde,
ningún reproche te hacía;
Lo más que te preguntaba
era que si me querías.
Y, bajo tus besos, en la madruga,
sin que tu notaras la cruz de mi angustia
solía cantar:

Te quiero más que a mis ojos,
te quiero más que a mi vía,
más que el aire que respiro
y más que a la mare mía.
Que se me paren los pulsos
si te dejo de queré.
Que las campanas me doblen
si te farto alguna vé.

Eres mi vía y mi muerte,
te lo juro, compañero;
no debía de quererte
y sin embargo te quiero.

Ay pena, penita

Si en el firmamento poder yo tuviera,
esta noche negra lo mismo que un pozo,
con un cuchillito de luna lunera,
cortaría los hierros de tu calabozo.
Si yo fuera reina de la luz del día,
del viento y del mar,
cordeles de esclava yo me ceñiría
pot tu libertad.

¡Ay, pena, penita, pena,
pena de mi corazón,
que me corre por las venas
con la fuerza de un ciclón!

Es lo mismo que un nublado
de tiniebla y pedernal.
Es un potro desbocado
que no sabe dónde va.

Es un desierto de arena,
es mi gloria en un penar.
¡Ay, penal! ¡Ay, penal!
¡Ay, pena, penita, pena!

 

Alalás y canciones tradicionales gallegas

Junto con el trabajo sobre Rosalía de Castro, estamos trabajando en la reinvención de un amplio cancionero popular de Galicia, recogido en época de la poetisa, principalmente por Ramón de Arana y recopilado por Felip Pedrell. Figuran temas como “Dille que sospiro” y “Unha noite no muíño”.

Unha noite no muíño

Unha noite no muíño,
unha noite non é nada
unha semaniña enteira,
esa si que é muiñada.

Aunque me veas casada
non me perdas lo cariño,
Que podo quedar viuda
E mais casarme contigo.
Miña nai paréume e casóume.
Ven aquel barballoteiro e levoume.

Dille que sospiro

Páxaro que vas volando
por riba d’aquel convento.
Toma, levall’esta carta
o meu amor que está dentro.

Dille que sospiro e choro
dille que vivo morrendo
dile que se compadeza
do mal que estou padecendo

Co cariño non hai chanzas,
porqu’o cariño è ladron:
entroum’un día n’a casa
rouboum’o meu corazon.

O meu corazón che mando
cunha chave para o abrir
nin eu teño máis que darche
nin ti máis que me pedir.

Ahí tes o meu corazón
si o queres matar ben podes
pero como estás dentro
tamén, si o matas, morres.

Deja un comentario